26/12/2025
LA IMPORTANCIA DE LA FAMILIA…, Y LOS AMIGOS
El día de Reyes es una fecha mágica en la que la ilusión y la generosidad están más que presentes. Esta fecha siempre ha sido muy particular en Metro Dance Club. Los Metrolovers y sus amigos más cercanos se reúnen en un formato más reducido y sin detalles de los artistas que en ella actuaban. Porque en esta ocasión más allá de los nombres, lo importante es crear comunidad y celebrar el amor incondicional por la música electrónica.
Desde sus orígenes, la música electrónica ha sido mucho más que un conjunto de sonidos sintetizados o una evolución tecnológica aplicada al ritmo. Ha sido, ante todo, un fenómeno social y cultural profundamente ligado a la idea de comunidad. En clubes oscuros, almacenes abandonados, playas remotas o festivales multitudinarios, la música electrónica ha creado espacios donde individuos diversos se encuentran para compartir una experiencia común que trasciende el idioma, la edad, el origen o la condición social.
La electrónica nació en los márgenes. Surgió como refugio para minorías, como lenguaje de expresión para colectivos que no encontraban representación en los circuitos culturales dominantes. Escenas como el techno de Detroit, el house de Chicago o el acid house europeo no se desarrollaron únicamente alrededor de DJs o productores, sino gracias a comunidades cohesionadas que entendían la pista de baile como un espacio de libertad, identidad y resistencia. En estos entornos, la música funcionaba como un código compartido, una forma de comunicación emocional que unía a desconocidos bajo una misma vibración.
La pista de baile es, en esencia, un lugar comunitario. A diferencia de otros géneros musicales donde el foco suele estar en el artista, en la música electrónica el protagonismo se diluye entre DJ, sistema de sonido y público. La experiencia solo cobra sentido cuando existe una conexión colectiva, cuando la energía fluye en ambas direcciones y se construye una narrativa común durante horas. Bailar juntos, sincronizar cuerpos y emociones, genera un sentimiento de pertenencia difícil de replicar en otros contextos culturales.
Este concepto de comunidad también se refleja en la ética del “do it yourself” que ha acompañado históricamente a la electrónica. Sellos independientes, promotores locales, colectivos de DJs, diseñadores, técnicos de sonido y clubbers han trabajado durante décadas de forma colaborativa para levantar escenas desde cero. Muchas de las fiestas más influyentes del mundo comenzaron como reuniones pequeñas, impulsadas por la pasión compartida y no por intereses comerciales. La comunidad, en estos casos, fue el motor creativo y el sostén emocional del proyecto.
En un mundo cada vez más individualista y digitalizado, la música electrónica ofrece algo profundamente humano: la posibilidad de sentirse parte de algo más grande. Aunque la tecnología sea una herramienta central —sintetizadores, software, visuales, redes sociales—, el objetivo final sigue siendo el encuentro físico, el ritual colectivo, el momento compartido en el que el tiempo parece detenerse. La comunidad se manifiesta tanto en el abrazo entre desconocidos al amanecer como en el respeto implícito por el espacio común de la pista.
El viernes 5 de enero de 2026 Family & Friends llega Metro Dance Club para celebrar la pasión por el clubbing y el amor por la familia electrónica que ha creado el club de Bigastro. En esta fiesta cargada de sorpresas siempre hay un as guardado bajo la manga: actuaciones secretas de artistas impresionantes, una cena para todo el público o sobre todo la peculiaridad de que necesitas ser invitado/a para poder asistir.
Seguro que conoces a alguien que pueda echarte un cable para que el día 5 por la noche acabes bailando en Metro Dance Club, consigue la invitación y forma parte de la Familia.